Cuando era joven, tan joven como para dibujar
líneas en un papel sin importar su perfección
creía que los cuentos los escribía la soledad.
Cuando me siento viejo, tan viejo como ahora,
tanto como para admirar figuras de plastico,
es cuando creo vivir anestesiado de sobriedad.
Escape pensando que las avenidas de mi ciudad
estaban desgastadas por la memoría aún presente,
sentía ser el guía de las luces y su tenuidad.
Y hubo en desgaste en aquellas tristes avenidas
pero el error fue creer que era caminar impaciente
lo que hacía derruir las aceras sin conquistar.
Inventamos la ingenuidad para vivir en la mentira
pero en ella nos sentiamos comodos con el engaño
y nunca nos atrevimos a sentir más allá de la paz
que transmitía la conformidad injusta con nosotros.
No fuímos ni hambre ni sed, ni tampoco nos afectó,
la gracia de todo esto es que nunca lo percibimos.
Y sé que los molinos me acabarán tumbando.
Sé que las noches me acabarán oscureciendo
Sé que los parques acabarán siendo mi refugio.
Sé que los niños acabarán siendo mis amigos.
Aún no he conseguido depender de un recuerdo.
Ahora las consecuencias empiezan a reflejarse en mí rostro
y la reacción empieza a poner el tiempo en nuestra contra.
Y correr deprisa para llegar a ninguna parte una costumbre.
Un momento para frenar el ímpetu y encender una colilla,
es el intermedio de la reflexión en mitad de la tempestad.
Hay un silencio que hemos sabido mantener con vida
que acaba sacando a la luz nuestras propias miserías.
La necesidad de expresar el origen de las melodias
que suenan cada vez que llueve sobre mis espaldas.
Las pulsaciones son el síntoma de la inestabilidad.
He tragado bastantes kilometros en la carretera,
equilibrando en la división entre asfalto y tierra.
Estoy mojado y supendido de un cable a oscuras,
roto de aprender a bailar descalzo sobre las ruinas,
de lo que un día fue el refugio de las esperanzas.
Y sé que puedo estar de pie sobre los columpios.
Sé que puedo ser un poema de un solo verso.
Sé que puedo arroparme en los libros de terror.
Sé que puedo ser la voz desencadenante del ruido.
Aún no he aprendido a conservar un pasado.
lunes, 10 de mayo de 2010
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