Que dulces son tus sueños cuando los manifiestas.
Cuando los sientas a discutir y ellos te confiesan
que no saben si son dignos de bailar en tu cabeza.
Son tan indecisos como los pasos que sin querer se dan
hacía ese almacén donde guardamos secretos sin confesar.
Que preciosos son tus deseos cuando los expresas.
Cuando los desesperas con incertidumbres exageradas,
cuando los aplaudes por hacerte un poco más humana.
Ellos son tan precisos como el paso encadenado de los días
y que nos conduce a un verano que nunca sabe cuando empezar.
Que agradabe saber que eres un punto de fuga
escondida entre la marea imparable que nos lleva
inevitablemente a las veinticinco primeravas cumplidas.
Nos obliga a salir y revolucionarnos contra lo que nos rodea,
pero que nos hace descansar en una prometida playa desierta.
Son tan desagradables los momentos de decadencía, de bajón,
como necesaríos para darnos cuenta de quienes hemos sido
y de quienes seremos si no llegamos a tomar una decisión
a tiempo, o a destiempo, pero con el menor margen de error.
Algún día sabrás que quedarse y marchar son dos errores inevitables.
Sus consecuencias nos tatuarán las manchas con las que podremos crecer,
pero que nos dejarán vacíos de razón ante las dudas que nos puedan acontecer.
Que lindos son tus excesos cuando no sabes controlarte.
Cuando te arrepientes haber hecho lo que un día ni te atreviste
a pensar porque meditaste que no te llevaría a ninguna parte.
Son tan imperfectos como los compromisos que hacen atarte
a unos papeles firmados por nuestra parte simple e inconsciente.
Que desastrosas son las expectativas que no se celebrarón
cuando la adolescencía nos daba aún su última señal de aviso
y que nos advertía de que desde entoces nada volvería a ser sencillo.
Eran tan hermosas cuando en los descansos nacían del vacío
y que hoy son grandes recuerdos de lo nunca hemos conseguido.
Que agradable saber que eres una fuente potable
escondida en un oceano de horribles pretensiones,
pero que alberga en el fondo pequeñas cosas alegres.
Son tan invisibles que para toparse con ellas de frente
hay que aprender a valorar un gesto de complicidad en la noche.
Son tan desagradables los momentos de decadencía, de bajón,
como necesaríos para darnos cuenta de quienes hemos sido
y de quienes seremos si no llegamos a tomar una decisión
a tiempo, o a destiempo, pero con el menor margen de error.
Algún día sabrás que quedarse y marchar son dos errores inevitables.
Sus consecuencias nos tatuarán las manchas con las que podremos crecer,
pero que nos dejarán vacíos de razón ante las dudas que nos puedan acontecer.
Si alguna vez te obligo a que me hagas una promesa,
prometeme que me llevarás a un calle aún desconocida
y que me tirarás de las orejas hasta verme descansar.
Solo prometeme que encenderás alguna vez una hoguera
y que me obligarás a quemar en ella mí impertinencía
y mis miedos ante una hipotetica ausencía de mí locura.
lunes, 24 de marzo de 2008
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2 comentarios:
Merezco un guantazo de los gordos.
Anda que poner "inebitables".
En que estaría pensando....
Cualquier mofa será admitida a tramite.
Un error lo tiene cualquiera... Pero esto es demasiado! XD
Pero no pretendas que eso vaya a deslucir estos bonitos versos.
Sigue soñando, intentando, inventando. Da igual que el resultado no sea el esperado, nunca lo es. Pero lo que cuenta al fin y al cabo no es el resultado, si no que estás vivo, y que has vivido.
Un abrazo amigo
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